Cómo conseguir tus objetivos

8 de Junio del 2015

Marcarnos metas muy definidas e inamovibles y obsesionarnos con ellas puede llevarnos a un estado de frustración. Lo más adecuado es apostar por el progreso a largo plazo, enfocarse en los ámbitos de mejora y cuidar esas habilidades que nos diferencian del resto sabiendo disfrutar de los pequeños logros que nos llevan a alcanzar el objetivo final.


Conseguir las metas que nos proponemos, a nivel profesional o personal, y que impliquen una mejora en nuestra vida, no es un objetivo descabellado. Al contrario, cualquiera puede conseguirlo, solo hay que esforzarse un poco y tener las ideas claras para no fracasar en el intento. Sin embargo, no deben obsesionarnos ni ser surrealistas. Cada persona ha de ser consiente de lo que desea y de sus propias limitaciones: nadie como uno mismo para saber hasta dónde puede llegar.

Cuando tenemos metas, nos sentimos vivos, con energía y con ganas de comernos el mundo. Pero, ¿qué necesitamos para llevar a buen puerto nuestra tarea?

• Una buena dosis de automotivación y confianza en uno mismo para afrontar con ganas lo que viene.
• Un alto grado de compromiso con el trabajo que vamos a desarrollar. Los buenos resultados requieren perseverancia.
• Utilizar el potencial: solo el 10 por ciento es inspiración; lo demás, se debe al esfuerzo.
• Capacidad de adaptación y flexibilidad para hacer frente a los cambios que surjan. Hoy en día, más que nunca, es necesario practicar y desarrollar la resiliencia, una cualidad que ayuda a aprender a impulsarnos después de las caídas, por fuertes que estas sean.
• Autocontrol emocional para no dejarnos superar por la situación.
• ¡Mucha organización! No puedes hacer muchas cosas a la vez ni probablemente dispongas de un tiempo ilimitado.

Objetivos claros ¿problema o solución?

Las metas nos marcan el lugar al que queremos llegar y lo que queremos obtener. Por eso hay que trabajar duro para alcanzarlas. Pero con cuidado, no pierdas el norte. Lo que importa es el esfuerzo y los progresos que consigas de acuerdo a tus habilidades potenciales, no tanto a los resultados. Y es que en los últimos años hay una tendencia generalizada a contemplar la existencia bajo la perspectiva de la productividad, como si solo importáramos por los resultados que obtenemos. Cuando esta premisa preside nuestra vida, nos genera ansiedad, angustia y agobio. ¿Por qué? Porque no disfrutamos del camino hasta conseguir lo que nos proponemos. Solo estamos enfocados en obtener resultados sin tener en cuenta que no siempre se consiguen. La vida es una carrera de fondo y como en toda competición, unas veces se gana y otras se pierde. Si no contemplas esa posibilidad, el resultado es demoledor y se traduce en desasosiego y una autoestima que se ve mermada.

Es importante lograr metas, pero también debemos fijarnos ámbitos de mejora para progresar en lo que somos. Está en nosotros mismos decantarnos por el tener y o por el ser, por conseguir objetivos o por cuidar esas habilidades innatas que cada uno posee y que te diferencian del resto.

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